domingo, 10 de junio de 2012

Escape

Mi mente siempre fue una buena forma de escape. Es como Bruce Wayne un maestro del escapismo. Es una gran capacidad que requiere entrenamiento, pues puedes llegar a caer en la alternativa que te da tu mente con ella regresarías a la tierra como un ser onírico, infantil, fantasioso e ¿inmaduro? (detesto la palabra, pero no se me ocurre otra... mejor usemos la palabra inconsciente). Cierto, si no pasa lo antes mencionado, el despertar (aterrizaje), mejor dicho choque, sera espantoso, doloroso destructivo, pero es aprehensivo. De esta forma, es como uno puede llegar a dominar esta facultad... Sí, duele y amerita dejar de ser un escapista de la realidad, por ende, un soñador. Sin embargo, que quede en claro, este arte no es para atravesar el Bifrost cada vez que se quiere para evitar un problema o la insoportable realidad y esperar que por una suerte de soplido celestial todo salga disparado y sin problema alguno. Realmente, esta es una forma de distracción y como su nombre lo dice de escape, pero este es escape puede llegar a ser como una droga. Por ello, vuelvo a recalcar que se necesita un gran control. La persona tiene que vivir la realidad incluso mas que sueños, pues, si no es así, cómo hará que esos sueños se hagan realidad en la vida real.el escape que ofrece nuestra mente es en esencia una buena forma de buscar una solución a un problema, calor que para eso se necesita vivir el problema, analizarlo en la realidad y pensarlo en dimensiones realistas. De forma secundaria, es una buena forma de distracción para vivir aventuras increíbles, ser el héroe del mundo, tener la chica que amas o traer a ese alguien especial y vivir momentos que se podrían plasmar en el lienzo de la realidad. El exceso es malo, recordar esto siempre.

Ahora, yo estoy escapando mucho para mejorar mi ser y solucionar mis problemas, pero, sobre todo, para estar con ella... Esto no es preocupante, pues mi nivel en el escapismo es bueno y no golpeo el suelo bruscamente ni regreso inconsciente al mundo real. Ahí la veo a ella cercana y distante, mía y a la vez no.

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